jueves, 18 de abril de 2013

0 AM


Siempre a esta hora: los gestos se callan, los pasos no aturden, las propuestas se olvidan.
Y yo me quedo tan distante, tan al costado de todo...
Por la noche es difícil recodar como amanece: el sol brillando... como si seguir no estuviera cuestionado;
todos despiertos de nuevo y mirando sus zapatos, el odio masticado, esquivando limosnas, buscando excusas para poder sentir.
No quiero nada de ellos.
Ni sus sonrisas maquilladas, ni sus conversaciones ensayadas, ni sus oídos narcisos.
Todas sus actitudes haciendo la misma jugada. Todos sus ojos buscando sin saber querer.
Me quedo en la orilla y los observo como títeres. Guardo mi sombra bien lejos del ruido, del desprecio, de las desilusiones.
Tranquila, pero en movimiento.
Flotando como una medusa frágil, liviana y arisca, en una soledad que no duele. 
En un olvido lleno de memoria.